sábado, 15 de noviembre de 2014



Si la curiosidad es una de las características de una ciudadanía empoderada, por qué nadie de los que apoyaron el nombre de Llamaquique en Oviedo, preguntaron qué significaba esa palabra. La razón es que no están empoderados, sólo un rebaño obediente de corderitos sumisos al pastor dipsómano puede aceptar sin rechistar, que un nombre sin significado, un sonido asemántico, como supercalifragilisto, haya sido impuesto a la razón y a la justicia. El significado de Llamaquique no aparece, ni en el buscador más famoso, y Google se siente incapaz de descubrir qué significa este enigmático nombre. La estación de trenes de Oviedo iba a llamarse Clara Campoamor, la mujer que luchó y logró el sufragio femenino en España, esa era una razón histórica y de justicia, ya que Clara se enfrentó incluso a los compañeros de bancada para exigir que el voto femenino fuera reconocido en la constitución española. El nombre de Clara Campoamor está escrito en nuestra historia, para bien y para mal de los habitantes de Oviedo que permitieron tan maña atrocidad.  Las fuerzas conservadoras de esta ciudad, una de las pocas de España, que aún tienen un monumento al dictador, prefieren llamar a la estación de tren Llamaquique, aunque no sepan qué significa, antes que llamarla Clara Campoamor. Pero no sería justo decir que la ciudadanía ovetense han elegido este nombre impronunciable, porque nadie les ha preguntado nada.

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